Sobre mí
Como empezó todo
Mi conexión con los caballos nació cuando tenía 7 años, en una hípica donde entré en la pista y los caballos se acercaron hasta rodearme. Puedes creerlo o no, pero fue algo mágico. Ese instante despertó en mí una forma de sentirlos que, sin saberlo entonces, me haría recorrer un camino muy
diferente al habitual.
Crecí dentro del mundo ecuestre, pero lo cierto es que nunca encajé del todo en la forma tradicional de hacer las cosas.
Probé muchas disciplinas hasta especializarme en Doma Clásica, un camino que me dio técnica y precisión, pero también me confirmó que con los
caballos había “algo más”.
Mi metodología única, utiliza el juego para fomentar el aprendizaje
Sobre mí
Desde los 17 años he trabajado de forma continua en este mundo: empecé como profesora de equitación y, con el tiempo, fui sumando experiencia montando y domando potros, guiando rutas a caballo y colaborando incluso con caballos de cine.
Ese “algo” se volvió evidente cuando llegué a un centro de rescate equino, donde descubrí un mundo que muy pocos ven: el de los caballos que ya no confían en el ser humano.
Y fue Yuma, una yegua con un pasado que se le veía antes de tocarla, quien terminó de cambiarlo todo.
Con ella aprendí que la fuerza nunca transforma, pero el juego, el respeto y el refuerzo positivo sí pueden hacerlo.
Desde entonces no he dejado de formarme en métodos que priorizan el bienestar del caballo por encima de todo.
Hoy acompaño a personas y caballos desde esa sensibilidad que nunca encajó
¿Dónde has podido verme?
Mi trabajo como educadora y mis fotografías han estado presentes en libros, revistas y webs especializadas, y me han llevado a participar en conferencias y formaciones de referencia en el mundo ecuestre.






Durante años fotografié manadas y trabajé detrás de la cámara con profesionales del mundo del caballo.
Eso me permitió desarrollar una mirada muy precisa: ver cómo cambia la emoción del caballo según cómo es tocado, guiado o entendido.
Aprendí a detectar microgestos y señales sutiles, a leer lo que pasa desapercibido y a anticipar cómo se siente un caballo antes de que se muestre.
Ahí entendí algo fundamental:
No es lo que hacemos…
Es como lo hacemos…
Además, en mi etapa como diseñadora gráfica —creando logos reconocidos dentro del mundo ecuestre—
afiné aún más mi atención al detalle y mi capacidad para captar la expresión real del caballo.
Esa mirada precisa -entrenada durante años- es hoy la base de mi forma de acompañar a personas y caballos.
FOTOGRAFÍAS
La fotografía de caballos es una danza entre la luz y la esencia del animal, capturando su poesía en movimiento.
















